lunes, 11 de noviembre de 2013

Pulpos Gigantes del Espacio Exterior


Una masa grisácea y redonda del tamaño de un oso se alzaba lenta y trabajosamente hacia afuera del cilindro. Cuando le dio luz plena, brillaba como cuero humedecido. Dos colosales ojos oscuros me miraron con fijeza. La redonda masa tenía un rostro, si vale esta palabra. Había bajo los ojos una boca cuyos bordes sin labios, temblorosos y palpitantes, segregaban saliva. Suspiraba y latía el cuerpo convulsivamente….Un apéndice tentacular, el delgado y blando se asió del borde del cilindro y otro se balanceó en el aire. 

Los que no hayan visto un marciano vivo, se imaginaran difícilmente el horror extraño de su aspecto, la singular boca en forma de V con el labio superior puntiagudo, la ausencia de barba por debajo del labio inferior, que es una especie de rincón, el temblor incesante de esa boca, el gorgoreo de los tentáculos, la tumultuosa respiración de los pulmones en atmósfera distinta a la habitual, la pesadez y el esfuerzo notorio de movimientos, debido a la mayor gravitación de la tierra y , sobre todo, la extraordinaria intensidad de los ojos inmensos; todo esto me produjo una sensación parecida a la nausea. 

 Así describe H. G Wells el físico de los marcianos invasores en la estupenda novela de 1898 The War of the Worlds.

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